Mani en donosti en favor de la juventud vasca y abertzale
Simplemente era una manifestacion
Pero lo peor ocurriría a partir de las 16:30, cuando la Ertzaintza
colocó controles policiales en al menos cuatro puntos de acceso de Donostia, causando un caos circulatorio en la capital guipuzcoana. Su pretensión era la de impedir el acceso de quienes acudían a la manifestación, aunque para ello fuera necesario bloquear toda la ciudad y sus alrededores. Y aunque no se consiguiera.
Hasta en los parking Amara, Antiguo, Gros e Igara, al menos, fueron puntos escogidos por la Policía autonómica para instalar los controles. Además del habitual material antidisturbio en mano. Ya para entonces, cerca de una docena de furgonetas de la Ertzaintza custodiaban tanto el Boulevard como sus aledaños. Incluso vigilaron los accesos a los parking del centro donostiarra, llegando a meterse en ellos tras jóvenes que accedían a aparcar sus vehículos. Tras unas breves declaraciones a losmedios de comunicación allí congregados ¯como botón de muestra de la amplía cobertura mediática cabe destacar la presencia de un periodista del ``Washington Post'' de EEUU-, en las que denunciaron la gravedad de la prohibición inicial del juez Garzón y se preguntaron «hasta dónde pretenden llegar con la represión contra la juventud vasca», la cabecera de la marcha se abrió paso entre la multitud concentrada en el Boulevard para toparse de frente con un amplio cordón policial. «PNV español» «Euskal gazteria aurrera», «Hau al da zuen bakea?», «Independentzia» o «Jarrai, Haika eta Segi aurrera», fueron algunos de los gritos que corearon los presentes. Pero, sin duda, el más repetido fue el de «PNV español». «Tenéis diez minutos», espetó por última vez el policía. Los participantes continuaban sentados ante el centenar de ertzainas, como acto de protesta. Tras varios rifirrafes con los uniformados, los portadores de la pancarta optaron por evitar la confontación con la Ertzaintza y, tras darse la vuelta, avanzaron hacia Alde Zaharra. Recorrieron el Boulevard para adentrarse en la Bretxa; después de recorrer también la calle 31 de agosto y continuar en la calle Mayor, la Ertzaintza apareció. Esta vez no hubo palabras. Sólo hablaron los pelotazos que lanzaron los policías inmediatamente después de bajar de las furgonetas que, a toda velocidad, se apresuraron a entrar desde el Boulevard. Cargaron directamente. Y corrieron hacia la cabecera de la marcha. Cogieron la pancarta y arrestaron a una joven labortana que se llevaron detenida a comisaría. La pretensión de realizar detenciones parecía premeditada, ya que junto a las furgonetas de antidisturbios que se adentraron hasta el corazón de Alde Zaharra también acudió una de las furgonetas blancas celulares que emplean los policías para trasladar a presos. El caos se apoderó durante unos minutos de Alde Zaharra. A la par que se oían gritos en contra de la Ertzaintza y en favor de la juventud vasca, resonaban por doquier los pelotazos que lanzaban los agentes de la Policía autonómica. Instantes después, el gentío que abarrotaba Alde Zaharra se volvió a reunir en los aledaños de la calle 31 de agosto y poco a poco acudieron, sin pancarta y en una improvisada manifestación, hacia los ertzainas que habían vuelto a tomar posiciones en las inmediaciones del Boulevard. Después de unos minutos gritando contra la Ertzaintza, los allí reunidos acudieron a la plaza de la Constitución. Uno de los jóvenes que portaba la pancarta de la cabecera tomó la palabra y realizó una retrospectiva de todo los atropellos sucedidos desde que el movimiento juvenil decidiera impulsar un manifiesto y, en concreto, para denunciar el caso judicial contra Segi. El joven incidió en que la movilización de Donostia pretendía ser el final de una dinámica, pero visto lo visto sentenció que el de Donostia «es sólo el punto de partida».

