MAS ACCIONES ILEGALES
dio a conocer ayer en Iruñea un nuevo caso de seguimiento realizado a
un miembro de la izquierda abertzale. Se trata de Mario Zapata, que
relató ayer el acoso continuado al que fue sometido, junto con su
compañera, durante sus recientes vacaciones. Fue a la vuelta, una vez
que ambos pensaron que había cesado la persecución, cuando al revisar
el coche después del viaje descubrieron un aparato desconocido adherido
al chásis del vehículo.
La abogada de Zapata, Amaia Izko, explicó ayer que su primera
actuación ha sido la de hacer pública la información sobre los hechos,
mostrando a los medios de comunicación el aparato encontrado. Su
siguiente actuación será la de presentar ese objeto ante el Juzgado de
Guardia, para que se determine de qué se trata, de dónde proviene, y
las consecuencias que pueda acarrear a su cliente. Asimismo, y si, tal
y como apuntan las sospechas, se trata de una operación policial, Izko
solicitará conocer «en qué marco se ha autorizado la operación, y en
base a qué», según relató.
A preguntas de los periodistas, Zapata aseguró que nunca antes de
las pasadas vacaciones había notado ningún tipo se control y
seguimiento, pero nada más iniciar las mismas, fueron retenidos en un
control de carretera de la Guardia Civil. Zapata relató que «el primer
día de vacaciones, al poco de salir de aquí, nos detuvieron en un
control. Nos interrogaron y registraron el coche. Fue una situación de
tensión para nosotros». A partir de ese momento, en palabras de Zapata,
«nos dimos cuenta de que alrededor nuestra había un dispositivo de
seguimiento y control. Agentes de paisano que se dejaban ver... era una
situación de mucha tensión, hemos pasado todas las vacaciones sufriendo
un control exhaustivo durante las veinticuatro horas del día», indicó.
Una vez de vuelta, y tras el viaje realizado, decidieron realizar una
inspección al vehículo, y fue entonces cuando hallaron un objeto, adherido a la carrocería del coche, para ellos desconocido. «Pensamos que con el final de las vacaciones esto había acabado, pero no fue así. Encontramos este aparato que creemos bastante evidente que se trata de un dispositivo de seguimiento»,
añadió. Zapata quiso denunciar en la comparecencia de ayer que «alguien, la Policía o los aparatos del Estado, ha estado realizando un seguimiento a todos nuestros movimientos, y pensamos que no hay derecho a ello».
Iribarren alertó de que «ese control se ha intensificado durante los
últimos meses», y recordó otros casos parecidos: «Una de las personas
del grupo negociador en la resolución del conflicto encontró un aparato
parecido en su coche, y recordar también que, hace escasas dos semanas,
otros jóvenes descubrieron en su domicilio de Donostia, concretamente
debajo de un sofa, un dispositivo utilizado para las escuchas ilegales».
del CESID efectuaron un Control Integral de Relaciones (CIR) en la sede
de Herri Batasuna en Donostia, en la que requisaron unos documentos que
posteriormente filtraron a un medio de comunicación. En marzo de 1998,
los técnicos contratados por Herri Batasuna con sede en Gasteiz
descubrieron un dispositivo de escuchas ilegales con destino al piso
superior de la sede. A partir de ahí comenzó la investigación que dejó
al descubierto que la formación abertzale, y en aquella época, su Mesa
Nacional, había sido objeto de seguimiento durante diez años.
Unos meses más tarde se descubrió que la sede de HB en Bilbo era
objeto de un control similar. Las operaciones formaban parte del
denominado «Apoyo Operativo», dependiente de la jefatura del CESID. Sus
directores y otros agentes que operaron en el mismo, fueron conducidos
al banquillo de los acusados en la Audiencia Provincial de Araba, cinco
años después de los hechos denunciados. Dos directores, y otros dos
agentes fueron condenados por realizar escuchas ilegales a la formación
política HB.
Más tarde fue el turno de la sede de Baiona, y las operaciones de
este tipo llevadas a cabo por el CESID afectaron a varios abogados de
la izquierda abertzale, incluso llegó a investigar a organismos
dependientes del Gobierno de Lakua como la propia Ertzaintza, según
informaciones publicadas por algunos medios de aquélla época. Muchos
años después, y la celebración de un juicio de por medio, este tipo de
seguimientos siguen efectuándose a miembros de la izquierda abertzale.
Juan Mari Olarra, cuando acompañado por un compañero se acercó a su
coche, sorprendió a dos individuos que registraban el vehículo. Al
verse sorprendidos, los individuos se dieron a la fuga pero uno de
ellos fue alcanzado por los militantes abertzales. Una vez en la
comisaría de la Ertzaintza, pudieron comprobar que se trataba de
agentes de los aparatos del Estado.

