EL DEDO EN LA LLAGA
Un articulo del periodista Javier Ortiz:
Es muy poco verosímil la versión oficial sobre el modo en que se produjeron los hechos que llevaron al
detenido Igor Portu al Hospital Donostia con importantes lesiones por todo el cuerpo.
Se me hace difícil creer que un grupo de policías bien entrenados
tenga que dar tantos y tan contundentes golpes a un detenido desarmado
para conseguir que no escape. Se le inmoviliza, se le esposa y ya está.
Pero me cuesta todavía más creer que el detenido en cuestión siga
durante horas sin quejarse de algo tan lacerante como que una costilla
rota le ha perforado un pulmón, por citar sólo uno de los desastres que
le fueron diagnosticados en el centro médico donostiarra.
¿Por qué hemos de creer que los golpes los recibió en el momento de la
detención, y no más tarde, cuando empezó a ser interrogado? ¿Porque lo
dicen quienes le pegaron? La Policía asegura que ya ha sacado provecho
del interrogatorio y que ha encontrado un escondrijo en el que Portu y
su compañero guardaban explosivos. ¿Será que han confesado por
arrepentimiento espontáneo?
Afirmó el lunes Pérez Rubalcaba que todo se hizo “de acuerdo con la
legislación antiterrorista”. Curioso lapsus, porque donde se establece
cómo hay que tratar a los detenidos no es en la legislación
antiterrorista, sino en la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
No oculto la razón de mis reservas: me mostraría mucho menos
suspicaz si no estuviéramos hablando de los servicios especiales de la
Guardia Civil que convirtieron en célebres los tétricos calabozos del
cuartel de Intxaurrondo y si no recibiéramos las explicaciones de boca
de un político que en su día hizo lo imposible para maquillar las
complicidades de su partido con los GAL.
Pero el asunto central no es ése. Lo decisivo es que en España a un
detenido relacionado con ETA se le puede hacer cualquier cosa porque a
la casi totalidad de los políticos, de los medios informativos y de la
opinión pública les importa un bledo. Y si se le tortura, pues peor
para él. Es la ley del “todo vale”.
Como le dijo un famoso juez de la Audiencia Nacional a una detenida:
“Vete a quejarte a tus amigos de Amnistía Internacional”. A ellos me
dirijo yo también.

