SITUACION PALESTINA
Se cumple un año desde que Hamás se hizo con el control de la franja de Gaza y su Gobierno se ha consolidado, aunque la situación es más precaria y delicada cada día. El desempleo y la escasez derivada del bloqueo israelí campean a sus anchas y los palestinos parecen resignados a su trágico destino. Es difícil imaginar una situación peor.
La expulsión de Gaza, hace ahora doce meses, de las fuerzas de Al Fatah a manos de los milicianos de Hamás, después de cruentos combates, no tenía precedentes desde que a principios de los noventa comenzara a articularse la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Desde entonces, Fatah ejerce el control en Cisjordania y Hamás en Gaza, sin que hayan fructificado los esfuerzos para reconciliar a ambos grupos.
Los datos que divulgan los organismos internacionales y las ONG sobre la situación en Gaza son demoledores. La mayoría del millón y medio de palestinos que viven encajonados en los 360 kilómetros cuadrados que forman la franja subsisten como pueden, aunque para ello están pagando un precio demasiado alto.Al menos el 60% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, con unos ingresos inferiores a dos dólares diarios. El 53% de las mujeres en edad reproductiva sufre malnutrición crónica y lo mismo ocurre con el 44% de los niños. El 70% de la población sobrevive gracias a la ayuda.
Los ataques israelíes han causado en el último año la muerte de 545 palestinos sólo en Gaza. Según la organización israelí de derechos humanos Btselem, al menos el 45% de las víctimas son civiles, entre las que abundan mujeres y niños.
Pagan los civiles
El boicot se ha endurecido desde la toma de poder de Hamás. Escasean los alimentos y el combustible. Los cortes de electricidad son constantes. El precio de los alimentos está disparado y los israelíes no permiten la entrada de un centenar de medicamentos que la Organización Mundial de la Salud considera esenciales.
Israel se propuso estrangular Gaza y lo ha conseguido, pero si pensaba que la población iba a volverse contra Hamás, se equivocó. No ha ocurrido. Los civiles son quienes están pagando las consecuencias del boicot, algo que despierta preocupación en las autoridades israelíes, pero el sufrimiento cotidiano no ha causado una rebelión, tal y como pronosticaron Israel y sus aliados.
A lo largo de este año las milicias, lideradas por Hamás han disparado más de 3.900 cohetes y granadas de mortero contra las poblaciones israelíes que se hallan en la frontera con la franja. Desde junio pasado han muerto cuatro civiles israelíes a causa de los cohetes. Por cada civil israelí muerto en el último año a causa de los cohetes han caído 135 palestinos, casi la mitad civiles. Son números que pueden estremecer a quien no esté familiarizado con la decisión de Hamás y del resto de las milicias de continuar con la lucha armada.
Las milicias de Hamás cuentan con 13.000 hombres armados que imitan las técnicas que Hizbolá aplica en Líbano, y que reciben ayuda financiera de Irán. Las milicias introducen sus armas a través de túneles que comunican con Egipto. En el último año, Egipto ha destruido medio centenar de túneles.
Los alrededores de Gaza se han convertido en un frente de batalla. La lluvia de cohetes ha forzado a miles de israelíes a abandonar sus casas. El precio de las viviendas ha caído drásticamente en la zona y nadie se aventura a adquirir una piso debido a la amenaza constante de ser alcanzado por los proyectiles. Aunque la peor parte se la llevan los palestinos, los líderes de Gaza están decididos a llevar adelante esa lucha desigual. Desde hace unas semanas, Israel y Hamás negocian un alto el fuego gracias a la mediación de Egipto, pero las discusiones, que continúan, aún no han dado resultados.
"No reconoceremos a Israel, aunque persista el embargo", ha dicho esta semana el primer ministro del Gobierno de Hamás, Ismaíl Haniya, quien vive oculto las 24 horas del día, como el resto de sus compañeros. "Estamos resistiendo un embargo que habría colapsado a países mayores, que habrían cedido a las demandas de Israel", añade desafiante. "Las organizaciones armadas palestinas, lideradas por el brazo armado de Hamás, están protegiendo los derechos del pueblo palestino", continúa Haniya.
Expansión de las colonias judías
En las negociaciones de El Cairo, el objetivo de Hamás es lograr que se levante el embargo. A cambio, ofrece dejar de disparar cohetes Qasam y granadas de mortero a las poblaciones israelíes. El planteamiento de unos y otros es sencillo: Hamás busca un respiro para la población civil mientras que Israel también quiere calma para sus civiles.Israel también desea tranquilidad para proceder con su plan de expansión en las colonias judías de Cisjordania.
La calma de Cisjordania bajo la presidencia de Mahmud Abás -sucesor de Yaser Arafat en Fatah- ha sido una trampa que ha permitido a Israel expandir sus colonias sin ofrecer nada a cambio. Si Hamás se suma a la tregua, es previsible que las obras se aceleren.Desde junio pasado, los fundamentalistas de Hamás han acabado con los grupos mafiosos que proliferaron en Gaza con la connivencia de Fatah y de su hombre fuerte entonces, Mohamed Dahlan. La delincuencia y la anarquía prácticamente han desaparecido de la franja y también las extorsiones y los secuestros. Hamás ni siquiera permite disparos al aire en las bodas.
Una de las consecuencias negativas del bloqueo ha sido el cierre del paso de Rafah, que en la práctica es el único punto de salida y entrada en Gaza, y que permanece cerrado desde hace un año. El 23 de enero, Hamás dinamitó el muro que separa la franja de Egipto y durante 12 días los palestinos pudieron cruzar la frontera. Pero eso fue apenas un espejismo y, como tal, no duró.
Si las negociaciones de El Cairo no dan resultado, es muy probable que los civiles tengan que seguir viviendo durante mucho tiempo en el valle de lágrimas al que han terminado por adaptarse. Israel cuenta con una certeza: que la comunidad internacional no moverá un dedo para resolver el problema.

